Memoria Nortina

Eddie Campodónico Zaluzzi

 

9 de Julio de 1951.

Se inició en 1963 en el club Unión Pueblo Nuevo de Iquique, integrando en 1969 la Selección Juvenil de Iquique, que participó en el Campeonato Nacional realizado en Arica.

Campeón de Chile, Copa Polla Gol, 1980.

La Noche quedó atrás

Escribe Oscar Lagos 

              Aun cuando no olvida esa expulsión ante Peñarol a los cinco minutos de juego y que significó  prácticamente  la  eliminación  de Palestino de la Copa Libertadores el año pasado, Eddie Campodónico ya recuperó  la confianza perdida y se alza como un importante valor en la campaña de esta temporada.

            Es como un sueño. Su primer partido en el extranjero, frente a un rival famoso en todo el mundo y con una nueva camiseta, prácticamente recién estrenada. El técnico le  había dado toda su confianza y se sentía feliz aunque un poco nervioso por la obligación de responder. Sabía que en la Copa Libertadores de América no hay concesiones y menos defendiendo el prestigio del país y de un elenco poderoso como Palestino. Pero ya estaba embarcado y no podía echarse atrás y eludir las responsabilidades. Había sido largo el camino para llegar hasta una institución grande, con tardes buenas y malas, con aplausos y silbidos, con triunfos y derrotas. Pero al fin había llegado donde quería y ahora tenía que aprovechar la oportunidad. Y qué mejor que ésta: en el Estadio Centenario de Montevideo, frente  Peñarol, en disputa de la Copa Libertadores y con la camiseta de Palestino. Ingresó al campo más optimista que nunca. No estaba asustado, no. El miedo no   era para él. Se tenía confianza y, haciendo lo que sabía, la consagración vendría pronto. Se cumplían cinco minutos del encuentro y un foul del puntero Cruz en su contra lo hizo reaccionar lanzándole un codazo a la cara. Expulsado. Fuera del campo a los cinco minutos. Y su equipo sólo con diez jugadores. Adiós camiseta, adiós consagración, adiós debut internacional. Sintió ganas de llora. Pero ya no sacaba nada con hacerlo, con lamentarse o con arrepentirse. El daño estaba causado, ya no había remedio. Se fue mascullando la amargura. Se sentía decepcionado de sí mismo. Sentado en el camarín, solo, escuchaba los gritos de la multitud alentando al dueño de casa. Al término del cotejo, una derrota y el equipo fuera de carrera. Cuando sus compañeros entraron al vestuario, cabizbajos, quiso decir alguna palabra de justificación, pero no pudo. Silencioso salió del recinto y a solas con su pena nació una promesa: nunca más volverían a expulsarlo, pasara lo que pasara.

            “Y esa promesa la he cumplido; desde ese día, casi dos años ya, jamás me   han vuelto a expulsar, ni siquiera me han mostrado tarjeta amarila.”

            Eddie Campodónico había llegado a Palestino para hacer realidad sus sueños de triunfar en el fútbol. Pero esa noche de infortunio costó mucho dejarla atrás y, a pesar del tiempo y de las palabras de consuelo y los consejos del entrenador, aún no podrá olvidarla. Y quizás nunca lo logre. Pero hoy ya las cosas han mejorado y hay tiempo para recordar los inicios.

            “Fui a Arica a un Nacional Juvenil con la selección de Iquique. Allá conversó conmigo el doctor René Reitich, lamentablemente fallecido, que iba enviado por Universidad Católica  como veedor. El año anterior se había llevado desde Iquique a Crisosto y Maldonado. Nos invitó a una reunión-comida junto con Hugo Solís y nos entusiasmó para incorporarnos a Católica. A mí me gustó la idea, porque era la oportunidad de ganar un poco de plata y valerme por mí mismo y cumplir con mi sueño de jugar en un equipo profesional. Pero en casa tuve algunas dificultades con mis padres, que querían que siguiera estudiando. Justamente por esos días había ganado una beca para ir a estudiar a Estados Unidos. Me costó mucho convencerlos y sólo lo logré cuando les prometí no dejar de estudiar y conseguir un título.”

            El 1º de Mayo de 1969 llegó a la capital con su carga de ilusiones y sus zapatos de fútbol. Pero ese año no pudo jugar por un problema reglamentario entre los dos clubes (el Unión Pueblo Nuevo de Iquique y Católica) con la ANFA, un lío que jamás pudo entender.

            “En 1970 jugué por la cuarta especial y fuimos campeones en empate con Colo Colo. El equipo era con Ricardo Díaz; Fernando Astudillo, Arriagada, yo y Bruno Morales; Daniel Horno, Sergio Faúndez y Mario Salinas; Francisco Guerrero, Hugo Solís y Ramón Meneses. Al año siguiente seguí en cuarta especial, aunque debutamos todos en Primera contra Magallanes, cuando el equipo titular andaba en Europa. Fue, en general, un buen año para mí. Jugué toda la temporada como centrodelantero e hice ‘veintitantos’ goles.”

            El 72 fue su año en Primera. Jugó 33 de los 34 partidos, como lateral izquierdo, donde lo ubicó José Pérez. Debutó marcando a Fouilloux en el triunfo por uno a cero ante Unión Española. El 73 no fue tan bueno, porque un accidente lo tuvo fuera casi la mitad de la temporada: estaba con un amigo en casa examinando una pistola y se escapó un tiro que le atravesó una pierna.

            “Al otro año llegó Luis Vera y sólo alcancé a jugar la Copa Chile. El entrenador quería tener a todo el equipo de O’Higgins, prácticamente, y a mí me mandaron a Rancagua, en un ‘cambalache’ por Oscar Navarro, que alcanzó a jugar dos o tres partidos. Pero para mí fue un año bastante bueno. Jugué en casi todos los puestos de la defensa. En una oportunidad castigaron al ‘Flaco’ Angulo y me pusieron de central –que era el puesto que más me gustaba- frente a Colo Colo y recibí bastantes elogios por mi actuación. Al año siguiente salimos últimos, aunque en mi caso personal fue la mejor temporada, siempre actuando como defensa central.”

            Y esa buena actuación fue importante, porque varios clubes se interesaron por sus servicios. Palestino pagó lo que O’Higgins pedía y Campodónico no sólo siguió en Primera División, sino que además llegó a un equipo grande, recién clasificado para la Copa Libertadores de América.

            “Estaba feliz, aunque don Caupolicán, que me había ido a ver jugar varias veces a Rancagua para no equivocarse conmigo, quería que yo jugara de lateral, cosa que a mí no me gustaba. Prefería estar en el centro de la defensa. Claro que ya me acostumbré y este año le he tomado realmente cariño al puesto. Sin embargo, mis comienzos en Palestino no fueron nada de buenos. Vino esa expulsión en Montevideo y yo perdí totalmente la confianza en mis medios. Fue como si no hubiera jugado nunca en Primera. En los días siguientes bajé cuatro kilos de pura amargura. Me acordaba de mis padres, de mis amigos, de la gente que me había ayudado, y me sentía realmente mal. Después, en el campeonato, se sucedieron las lesiones. Primero, un esguince en el tobillo derecho; luego, quebradura del maxilar superior a raíz de un puntapié en un entrenamiento; en seguida, un corte en la frente en iguales circunstancias y me aplicaron cinco puntos. Fue un año totalmente perdido. Sólo vine a reaparecer en la liguilla final y, sin andar mal, por lo menos me defendí.”

            Este año empezó con buenos augurios. Un plantel poderoso, un gran entrenador como Riera y la camiseta titular. Pero las lesiones no lo dejaban. Al llegar el equipo a las semifinales de la Copa Chile, nuevamente un esguince al tobillo derecho. Cuando se recuperó, Riera se había ido y estaba Gustavo Cortés, quien lo puso de defensa central por ausencia de Edgardo Fuentes en la Selección Juvenil. Después llegó Caupolicán Peña y retornó como lateral, pero el mismo esguince de siempre apareció otra vez y tuvo que ponerse yeso.

            “Siempre fui titular, excepto cuando estuve lesionado. Este año no he perdido ningún partido jugando por Palestino y estoy conforme con lo que he rendido. No así con la campaña del equipo, porque pienso que al principio dimos mucho handicap. Hubo períodos muy bajos. Lo que siempre pasa cuando un equipo tiene muchos jugadores nuevos. Pero luego tomamos la onda y aún tenemos posibilidades matemáticas de ser campeones, esperando que Unión pierda algunos puntos. Todos tenemos fe en que puede ocurrir. Si estuviéramos en igualdad de condiciones, no me cabría la menor duda que el título sería para nosotros.”

            Todos los problemas han sido superados. Ahora sólo hay luz en el camino y esperanzas de seguir ganando terreno. La promesa está vigente: nunca más fuera de la cancha. Ya pagó el noviciado y ahora es muy difícil que pierda la calma. Mientras tanto, sigue trabajando fuerte para responder a la confianza del técnico y demostrar que la noche negra de Montevideo ya quedó atrás.

Tomado de Revista Estadio, 30 de noviembre de 1977