Memoria Nortina

Carlos Albadiz M

1919-2002.

Nació en el barrio el Colorado.  Jugó por Estrella de Chile.   Y luego por Magallanes. Fue seleccionado chileno.  Su apellido en la revista Estadio aparece con b. Sus parientes dicen que es Alvadiz.

La revista Estadio, escribió:

Grato a la vista

Carlos Albadiz, tiene algunas tardes amargas, en las que aparece desganado y no es capaz de correr un pelota. Pero en otras brilla en tal forma que es capaz de hacer olvidar todo lo malo de la semana anterior. El sábado, en el clásico más tradicional de nuestro fútbol, el moreno half de Magallanes inició toda su apostura de días mejores y jugó con la jerarquía de los auténticamente “grandes” con clase y señorío. Hace algunos meses Pancho Alsina recordó en una nota a aquellos futbolistas que en las canchas chilenas y sudamericanas habían tenido prestancia y habían sido los “sangre azul” del fútbol. En esa nota habló del Albadiz de las tardes brillantes.

La noche del sábado, el moreno iquiqueño demostró que el cronista había tenido razón al incluirlo entre los jugadores de señorío, ya que realizó una tarea que, además de resultar rendidora para su club, fue un grato esparcimiento para los que todavía gustan de la belleza en el deporte.

Tomado de la Revista Estadio

15 de noviembre de 1947.

Miguelón de la Revista Estadio, escribió acerca de Carlos Albadiz

Todo verdadero deportista lleva muy dentro de su pecho las secreta ilusión de un triunfo, de una meta,  de una consagración;  anhela emular las proezas de sus ídolos y en sus sueños de niños ilusionados conserva la chispa de esa lejana esperanza, de llegar, como ellos, a provocar la admiración de sus parciales y el aplauso espontáneo de las multitudes.  Sin expresarlo, mantiene esa esperanza del día no lejano,  en que se cumplirán esas aspiraciones. Baraja nombres de instituciones, y allá, en su pueblecito, lejos de la ciudad luz, se aferra entusiasmado a sus colores, que los hace suyo, solamente los diarios y revistas le mantienen con sus noticias, y así sufre con sus derrotas y fracasos,  y celebra y admira sus triunfos. Pasa el tiempo y nuestro futuro crack, el que espera pacientemente su hora, se prepara anónimamente; busca la superación; su obsesión se hace cada día más intensa; llegar, llegar  donde han llegado otros; nadie sabe de sus ansias ni de sus ideales; en el silencio de sus horas de descanso sigue soñando…

Y esta historia, repetida en miles de corazones jóvenes y pletóricos  de vida, la vivió  hace varios años el negro Carlos Albadiz; la noble tierra nortina lo contó entre sus hijos; y él, deportista de ley, también, como muchos otros, soñó con vestir alguna vez la gloriosa camiseta azul-celeste; llegó la oportunidad y un día salió al verde a defender a defender esos colores que fueron sus sueños de muchachos. Y triunfó ampliamente; su puesto en el once de honor  de la escuadra académica estaba lealmente conquistado. Desde hace varios años el moreno nortino ha ratificado sus valiosas condiciones con presentaciones  de gran jerarquía, y hoy ostenta orgullosamente , y sin discusión, el puesto privilegiado.

Sin embargo, hay un hecho ponderable en este gran deportista; llegando de una tierra en que la guapeza y la pujanzas son las características de sus hijos: en que la hombría y  constancia  son la base de sus éxitos, el negro Albadiz ha impuesto la otra modalidad: un juego brillante y lleno de elegancia; sabe hacer en el rectángulo verde las filigranas capaces de consagrarlo como  como un jugador técnico y espectacular; el público, el mejor árbitro, ha aplaudido entusiasmado a este caballeroso y modesto pláyer, que ha sabido  colocarse entre los mejores, realizando así su sueño de muchacho: lucir en su pecho los colores académicos, y a los cuáles él, con su calidad y tecnicismo, ha logrado aportar algo en la expresión  de esta ratificación.

Sin embargo, negro Albabiz, a pesar de las brillantes y espectaculares actuaciones, a pesar de tus condiciones extraordinarias, puesta siempre con cariño y abnegación al servicio de tu querida camiseta, jamás la prensa ha destacado justicieramente, con letras de moldes  ni con epítetos retumbantes  tu nombre. No importa, aun te falta un escalón a tu estelar carrera deportiva: la defensa de los colores nacionales en contiendas con países hermanos: tienes el derecho ganado con creces; ESTADIO sabe que cuando llegue ese momentos sabrás prodigarte en la cancha, con esas jugadas que te han consagrado como un virtuoso y te habrás hecho acreedor colocado como una de nuestras grandes figuras de la redonda. Por ahora ya tienes realizado tu sueño de niño…

Miguelón

Tomado de la Revista Estadio

12 de marzo de 1943.